Si 20 años no es nada, como decía Carlos Gardel en Volver, ¿qué podemos decir de 43 años? Sí, la legendaria banda británica Deep Purple cumple 43 años de trayectoria, y siguen tocando con una fuerza y un ímpetu como si el tiempo no hubiera pasado.

 

Así lo dejaron en claro el sábado pasado, cuando a las 21 horas exactas, ni un minuto más ni un minuto menos, los cinco músicos ingresaron al escenario del Luna Park (en el marco de una gira que incluyó Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Mendoza) y bajo los acordes de "Highway Star", de su disco Machine Head de 1972 (uno de los más exitosos de toda su historia) y la voz vibrante de Ian Gillan, nos recordaron a todos por qué siguen siendo los maestros del hard rock.

 

Además de Gillan, allí estuvieron Ian Paice en la batería (el único integrante de la banda original de 1968, si bien Gillan se incorporó sólo un año después, en 1969, y tuvo algunos períodos durante estas más de 4 décadas en las que su lugar fue reemplazado por David Coverdale y J.L. Turner), Rober Glover en bajo (al igual que Gillan, ingresó en 1969 y tuvo un par de años fuera de la banda), Steve Morse en guitarra (en Purple desde 1994) y Don Airey en teclado (el último en incorporarse al grupo, en 2002, en lugar de Jon Lord).

 

Fue un recital en donde hubo de todo: desde los grandes clásicos como "Hard lovin` man", "Strange kind of woman", "Knocking at your back door", "Lazy", "No one came", "Perfect strangers" y "Space truckin", que recorren toda la historia de la banda, hasta temas más recientes como "Rapture of the deep”, que no por eso dejan de haberse incorporado en la lista de sus grandes creaciones.

 

Si bien la adrenalina entre los que presenciamos este show estuvo en un nivel más que alto durante las casi dos horas que duró el recital, entre toda esta vorágine de acordes hubo varios momentos explosivos: uno de ellos fue con uno de sus himnos, “Smoke on the water”. Nadie que vaya a ver a Purple puede resistirse a la locura que desata este tema que vio la luz en 1971 y que después de 40 años, sigue siendo uno de los más esperados.

 

Y otro momento vibrante fue con los bises: ahí sonaron "Hush" y un apasionante "Black Night", donde las casi 5.000 personas que presenciaron el show no dejaron de saltar, aplaudir y seguir cantando el estribillo del último tema incluso hasta un buen rato después de que la banda hubiese abandonado el escenario. Tampoco faltaron rituales como el solo de Don Airey, que incluyó – entre melodías como malambo, clásico y boogie- , un más que ovacionado Adiós Nonino de Piazzolla.

 

Un poco antes de las 23:00, se escucharon los últimos “unbelievable”, “wonderful” y “take it easy” de Gillan y Morse revoleó las últimas púas de la noche. El show había llegado a su fin y, como no podía ser de otra manera, volví a agradecer haber sido otra vez más parte de esta historia.

 

ETIQUETAS
|

Periodista y profesora de Historia. Editora y creadora de ABC Cultural.