“Slumdog” es el término con el que un oficial policial se refiere al joven protagonista, y cuyo significado vendría a ser “perro callejero”. Es ese insignificante “perro callejero”, y sospechado de fraude, el que se transforma en la envidia y admiración de gran parte de pueblo hindú y que tiene la posibilidad de ganarse 20 millones de rupias en un programa de preguntas y respuestas titulado “¿Quién quiere ser Millonario?”.

A través de flashbacks que permiten conocer los amargos recuerdos de Jamal Malik (Dev Patel), protagonista de “Slumdog Millionaire”, el film deja entrever la forma en la que conoce las respuestas del concurso. Este recurso nos explica con imágenes cómo los dos mosqueteros Jamal y Salim Malik (Madhur Mittal) se ven obligados a aplicar su inteligencia de la calle y sentido de supervivencia para sobreponerse a todos los hechos trágicos que vivieron en su niñez. La viveza que adquirieron al vivir en las calles fue lo que les permitió escapar de los peligros constantes a los que se enfrentaron en la inmensa ciudad de Mumbai.
 
Así como la película oscila entre el presente (Jamal participando en el programa por su millonario premio) y el pasado (los recuerdos de su cruel e infeliz niñez) también varía entre la extrema pobreza (mostrando las angustiantes travesías de los hermanos por los barrios más decadentes de la India) y la riqueza, gracias a las historias de millonarios rufianes locales y a esas tomas impactantes y visualmente abrumadoras en el Taj Mahal, donde los jóvenes huérfanos arriban luego de un accidentado episodio en un tren, en el que escapaban de quienes los marginaban sencillamente por ser pobres.
 
En la historia de Jamal Malik abundan la tristeza y el dolor porque su vida es una recorrida por el sufrimiento, las desgracias y las miserias, pero también hay lugar para el amor y la esperanza. Sus eternos sentimientos hacia Latika (Freida Pinto), aquella desprotegida niña que fue compañera de aventuras años atrás, son los que hacen girar su mundo. Es ese romance determinado por el destino, según lo cree él, el que lo impulsa a participar del show que, en vez de solucionar su vida, parece complicarla aún más. Tal como lo afirma el arrogante conductor televisivo, que lo menosprecia de principio a fin del concurso, “Jamal Malik va tras un sueño”, ese mismo que sueña despierto y que por momentos al propio adolescente le parece irreal.
 
Cuando Jamal finalmente se encuentra con la adolescente y hermosa Latika le pregunta cuál es la fascinación con el programa, y ella le responde: “Es la oportunidad de escapar, de entrar a una nueva vida”. No es casual, entonces, que el simple asistente de un call center decida concursar para ganar definitivamente su corazón y convertirse en el propio millonario de la hermosa joven, a la que nunca olvidó ni dejó de buscar.
 
“Slumdog Millionaire” conmueve desde su primera escena y se transforma en un film soberbio por donde se lo aprecie, una pieza cinematográfica en la que es difícil no sumergirse en la triste e injusta vida de Jamal Malik y, por ende, emocionarse hasta las lágrimas.
 
Detalles del final aparte, vale finalizar esta nota afirmando que con “Slumdog Millionaire” Danny Boyle vuelve a entregar a los fanáticos del séptimo arte lo mejor de su calidad cinéfila y relatando una vez más la extrema vida de un complejo personaje que simplemente quiere dejar atrás sus malas vivencias y aspirar a una mejor vida. Drama, violencia, suspenso, amor, redención, determinación, persistencia y esperanza son algunos de los elementos que conforman el abanico de sensaciones que el director combina excelentemente en su reciente y (merecida) multipremiada película.
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Periodista. Amante de mi profesión y feliz de escribir para ABC Cultural.