“Desearás al hombre de tu hermana”: mucho ruido y pocas nueces

El jueves pasado  se realizó  la Conferencia de Prensa previa al estreno de la película “Desearás al hombre de tu hermana”. La misma – escrita por Erika Halvorsen, dirigida por Diego Kaplan y protagonizada por Andrea Frigerio, Mónica Antonópulos, Guilherme Winter, Carolina “Pampita” Ardohain y Juan Sorini – se estrenará finalmente el próximo jueves 5 de octubre, pero ya está generando muchísima expectativa entre la gente.

Durante la conferencia, los actores, la guionista, y el director desplegaron una desbordante energía contestando preguntas en relación al film. Erika resaltó que la novedad  es que éste se ofrece como un medio para conquistar espacios de libertad, tomando el tema del despertar sexual de una nena. “La intención es mostrar a una mujer deseante y no objeto de deseo”, aseguró.  Destacó, además, que las mujeres debemos apropiarnos de nuestro cuerpo, auto-conocernos, y advirtió a los presentes que en la película había escenas fuertes “y mucha masturbación”. Todo ello alrededor de una trama que involucra el conflicto entre dos hermanas (y sus hombres), y una madre muy poco ortodoxa para la época (años ’70).

Por su parte, Pampita afirmó: “El guión me hizo volar la cabeza. Estaba hechizada”. Y en relación a las escenas de sexo de su personaje, Ofelia, comentó que ella no tiene prejuicios con su cuerpo, pero que componerlo fue un desafío, una exigencia tanto emocional como física.

Cabe señalar que algunos periodistas ya habían visto el film y otros lo veríamos al día siguiente. Yo estaba entre éstos últimos y  fui convencida en que iba a encontrarme con una película osada, donde el deseo de las mujeres se ponía en primer plano; una peli feminista acorde con los tiempos que corren.

Sin embargo, lamentablemente no fue así. La historia arranca con fuerza pero lentamente va perdiendo ritmo y vigor, que sólo logra recuperar en la escena final, sorprendiendo un poco al ya cansado espectador.

 

En el medio, el relato se va desdibujando casi tanto como el personaje de Ofelia (Pampita), que está lejos de ser libre y desear sin culpas: más vale se la ve atormentada por un pasado que la agobia y un presente que no logra (¿logrará?) resolver.

Tampoco se explota en profundidad el conflicto entre las hermanas y con la madre; un triángulo tan poderoso como destructivo. Un amor-odio que nos hace dudar si Lucía (Antonópulos)  no deseará más a su  hermana Ofelia que a su propio marido. Un marido que no la ama porque ella no goza.

Así, los hombres en esta película (los hay blancos y negros, con toda su humanidad al descubierto) son meros auxiliares para contar una historia de mujeres que sufren. Y sufren precisamente por desear y por desamor. Un desamor que es un vacío imposible de llenar  con pastillas o con sexo. Incluso para el personaje de Carmen (Frigerio)  cuya patología le da ciertos “permisos”.

El titulo de la película es engañoso porque el deseo siempre es deseo de otra cosa y eso quizá sea lo único que realmente se pueda concluir  de esta película. O también nos quedará grabado, a fuerza de repetición, que “chupar una verga no es amor”.

La película está cargada de recursos repetitivos, algunos innecesarios, otros previsibles y  otros llegando a lo bizarro. Entonces uno busca lleno de esperanzas algo…y piensa que en lugar de tanta masturbación, tanta pileta, tanto grabador o tanta pastilla se podría haber ahondado en algún personaje o  bien, poner sobre el tapete – en serio –  el tema de la sexualidad que sigue siendo todo un tema. Porque si una mujer no goza, se la deja, claro; pero ¿qué hombre es capaz de soportar a una mujer libre? Aún hoy si gozamos es probable que huyan porque tomar la iniciativa, chupar vergas o cualquier   intensidad sigue estando del lado del macho.  Aunque (ya se sabe)  “chupar una verga no es amor”, los hombres les temen a las mujeres libres.

Sin dudas, la que se lleva las palmas en lo que actuación se refiere es Andrea Frigerio, componiendo a esa madre tan peculiar y dotándola de un carisma que nos impide odiarla. Con histrionismo y matices le da al personaje el justo equilibrio que necesita.  Pampita, por su parte, no defrauda en su debut cinematográfico: tiene frescura, aunque en algunas escenas se la ve algo tensa. Antonópulos reconoció  que “padeció cantando”, pero posee ductilidad y  oficio y se agradecen esas melodías que entona en la película y que la hacen más llevadera. Sorini y Winter, los hombres blancos del film, están correctos, completado un elenco que naufraga, perdido en un texto sin rumbo.

Volviendo a la conferencia de prensa, los actores coincidieron en que se sentían felices y orgullosos del resultado de la obra. Y en verdad se los veía radiantes y exultantes de felicidad. Tanto que uno desearía con toda su alma que la película fuera la mitad de buena que ellos sienten.

La realidad es que ni la música ni el vestuario retro, ni la belleza de los actores, ni las escenas hot de “Desearás al hombre de tu hermana”, logran atrapar al espectador quien, promediando el film, lo único que desea es que la película termine.

Cobertura Especial para ABC Cultural a cargo de la Periodista Betina Pascar.

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